Un alarido

El caso Ayotzinapa es un caso absurdo.

Tan absurdo como el mal mismo.

No tiene asideros, carece de argumentos.

¿De dónde viene, cómo se sostiene tanto disparate?

¿Podremos acaso un día saber articular con razones las cosas que suceden?

Y si lo conseguimos, ¿podremos llegar a entenderlas?

 

Primero, primero, un fuerte alarido.

Una lágrima sincera.

Apuntalamiento contra los perpetradores de la acción

y la cada vez más larga lista de omisiones de…

muchas autoridades.

Un dolor en el hígado.

Un reclamo a cascarrabias.

¡Indignación!

 

La primera cosa digna es una seria indignación.

La indiferencia es complicidad.

subircontinuar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *