Los pobres

 

  • ¡Pobres!, ¡pobres!, gritaba desde el asiento trasero del auto, en una avenida transitada de la ciudad.
  • ¿Para qué les gritas a los pobres, hija?
  • Para ayudarlos –responde convencida-
  • Oye –replico-, nosotros también somos pobres.
  • ¡No! –con aire de obviedad-: ¡tenemos comida, ropa, casa… hasta carro!

 

Y, después de un momento de silencio, añade:

  • Bueno, sí: somos pobres de juguetes.

 

Efectivamente: uno es pobre de aquello que necesita.

 

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