Familiaridad del conocer

Conocemos por analogía, un criterio pedagógico básico es partir de los conocimientos previos de aquel a quien el conocimiento nuevo se dirige. Cuando hablamos de la importancia de que “el aprendizaje sea significativo”, a esto es a lo primero que nos referimos (no a lo único, pero sí a lo primero).

 

Pero aprender cosas no consiste en el simple hecho de unir datos anteriores a nuevos, a modo de silogismos, con un mecanismo según el cual partiendo de ciertas premisas se pueden ir obteniendo ulteriores conclusiones. Cierto que procedemos por analogía, pero los aprendizajes verdaderamente importantes, aquellos en los que basamos la propia existencia, esos que tienen un carácter de autoridad frente a los demás, no son los que hemos adquirido por una sólida analogía de datos. Seguramente tienen tal estatuto porque representan o son también una experiencia; porque nos han ayudado a comprender algo de la realidad y a estar seguros frente a ella.

 

Lo que primero necesitamos es esa familiaridad. Para poder movernos después. Un niño que no tiene esta familiaridad, no juega y no aprende. Un niño es más feliz en la medida en que “sabe” que tiene quien le cuida, que se sabe en un ambiente en que está seguro, que conoce las reglas del juego y por tanto se mueve con seguridad. Un ambiente de afecto al que el niño pertenece y del que depende.

 

De ese ambiente, el niño “mama” certezas –también problemas, pero ante todo certezas- que servirán como premisas para enfrentar la vida. Desde esta familiaridad, los conocimientos tienen más o menos sentido. Si ocurren dentro de ella, son más claros y potentes; en tanto que si aparecen como ajenos a ella, se presentan confusos y abstractos.

 

Por eso la familia es tan importante: porque es la primera familiaridad con que el niño conoce el mundo. Es común escuchar en los ambientes docentes quejas contra los padres de familia sobre el hecho de que éstos se ocupan poco de la educación de los hijos, pretendiendo que las escuelas hagan todo el trabajo. Los docentes se dan cuenta inmediatamente del influjo de las familias en el rendimiento escolar de los niños; no es una fórmula cerrada, pero sí es verificable una implicación directa. Hay un estudio que un amigo mío, Arturo Tapia, hizo en su tesis doctoral, que confirma científicamente esta percepción: la diferencia de alumno a alumno en un mismo salón de clase puede ser muy alto y se explica por la calidad cultural de la familia.

 

Normalmente las familias no se encargan de la educación formal de sus hijos pero, por una especie de ley natural, a ellas les es encargada la educación informal, que aquí he llamado grosso modo familiaridad: la serie de certezas y creencias, valores, principios, límites, moral… Todo ello viene dado dentro de un ambiente que en sí mismo es una hipótesis de comprensión de la vida y desde luego una forma de vivir.

 

Uno de los problemas de la crisis educativa actual, consiste en el hecho de que la familiaridad con el conocimiento y el currículo escolar están como despegados; es decir que hay una fractura entre lo que la educación formal ofrece y la vida que se vive. El canon disciplinar se justificaba antes de modo directo: era importante por el hecho mismo de ser ese canon. Hoy no ocurre así, de suerte que es cada vez más necesario hacer ver el nexo entre lo que se enseña y la realidad.

 

Frente a esta situación, homeschool en nuestra experiencia representa un gran logro. No es automático porque la familiaridad de la casa no asegura que los contenidos formales aparezcan como ligados a las exigencias de la vida; pero hay ciertamente la ventaja de la familiaridad. ¿Qué significa esto en concreto? Significa que se pueden asumir cada uno de los momentos y las exigencias de la vida como una sola cosa, de suerte que estudiar está pegado a trabajar, trabajar a cocinar, preparar comida al descanso y los paseos, y toda esta serie de aconteceres tienden a constituirse momentos educativos con toda una serie de cruces transversales de conocimientos y experiencias. Es decir, dentro de las situaciones cotidianas se acoge la posibilidad de interpretar matemáticamente las situaciones, entenderlas históricamente, juzgarlas moralmente, comprometerse con ellas, problematizarlas, etcétera.

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