El currículo y la centralidad de la persona

 

Hemos hecho acuse de una grave dificultad: traducir una postura humanista, centrada en la persona, en una clase concreta de matemáticas, historia o química, no es para nada algo automático. Requiere de inteligencia, esfuerzo y paciencia.

 

«En la práctica, incluso… en posesión de una serie de certezas, el estereotipo de educación que domina nos lleva a considerar el proceso educativo de modo fragmentado.

 

[A varios profesores que habíamos acompañado les había ocurrido] ellos mismos lo decían, un cambio de mentalidad e incluso de postura, de modo que en el regreso a la práctica docente no podían volver a hacer como antes hacían. Tenían la exigencia de un cambio… ¿Qué fue lo que hicieron?… Como iniciativa de cambio concreto en la planeación, dejaron un momento a la semana para dialogar con [sus alumnos] sobre algún tema formativo.

 

[Esto significa que] En la práctica docente específica, no obstante toda la novedad [todo el convencimiento por una postura humanista centrada en la persona], perduraba una fractura: había que dedicar dentro de la semana un momento que fuera formativo… esto era así porque en el fondo se desconfiaba de que la disciplina en sí misma (Costos y presupuestos, Administración, Redacción, Cálculo diferencial…), a menos que se tratara de una materia de humanidades, sea formativa. (…) No acertaban a considerar como formativa la disciplina que daban; o al menos no tan formativa como podría ser la introducción de un tema de reflexión.

 

(…) Hay dos preguntas que inevitablemente hemos de plantearnos: 1) ¿en qué sentido las disciplinas son formativas?, ¿qué implica que lo sean? Entonces, ¿cómo se justifican los currículos y el recorrido escolar? 2) ¿Cómo hacer declinar en didáctica el método experiencial humanista centrado en la persona?, ¿cómo dentro de la disciplina mostrar un significado total de la realidad?, ¿cómo realizar los diseños didácticos de manera que atienda al mismo tiempo a la disciplina específica respondiendo al plan y programa y dé la posibilidad de un acompañamiento formativo? »

 

 

¿Por qué estos contenidos, este currículo, estas materias?

 

«¿Por qué las disciplinas que tenemos son las disciplinas que necesitamos? ¿Es esto cierto? Y luego, en cada disciplina ¿tenemos el recorrido que requerimos? Muchas de las críticas al currículo actual y a las mismas disciplinas se ciernen en respuestas negativas a estas preguntas. Por lo pronto, creo que se puede afirmar algo: el sentido de las disciplinas está en crisis también para los profesores; hay una especie de conformación fatalista: muchos de los docentes no están de acuerdo con lo que “tienen que dar” a sus alumnos pero lo dan porque “no tienen de otra”. Como “no hay de otra”, los profesores se resignan y esconden el conflicto, intentando contra corriente convencer a los chicos de estudiar cosas de las que ni ellos mismos están convencidos. Puesto que los contenidos carecen de sentido siendo así incapaces de sostenerse, los profesores recurren –al menos teóricamente- a actividades que han recibido el nombre de “significativas” y sustituyen los contenidos por la participación, herramientas y habilidades.»

 

 

‘Lo significativo’ como cliché y desviación

 

«El término ‘significativo’ usado con tanta frecuencia en los ámbitos docentes y pedagógicos carga con una buena dosis de complicidad en esta crisis; se dice ‘significativo’ no lo que inviste algún sentido sino lo que le es familiar al estudiante. El canon disciplinar no dice ya nada; si hay algo que diga algo al estudiante son esa serie de actividades que le motiven y atraigan; de este modo, el significado de los contenidos –si es que lo hay- se esconde bajo la sombra de lo significativo.

 

¿Qué puede tener significado? Lo que le atrae al alumno, se responde con fatal resignación sustituyendo las actividades significativas y las habilidades por el inexistente significado de los contenidos, un poco para mostrar un lado humano, otro poco para no vernos como irresponsables que enseñan lo in-significante: somos empleados que nos obligan a dar estas cosas, lo menos que podemos hacer es no hacerlas tan aburridas.

 

(…) ¿Cómo escapar a este círculo vicioso? Habría que atender a las exigencias propias de los contenidos disciplinares, habría que llegar a ellos para poder juzgar.

 

(…)Habría que des-vanalizar a los contenidos… reconocer en principio la capacidad que éstos tienen realmente de introducirnos en la realidad.»

 

 

Fragmentos tomados de:

Hugo León, La metodología de la pregunta. Una propuesta de método para las juntas técnicas escolares y la planeación didáctica, AVSI, México, 2016. Publicación que se inserta en el proyecto Emergencia educativa en México: formación de los educadores.

 

 

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